Turquía, un Estado modelo y crucial


Introducción

Turquía es el Estado sucesor del Imperio Otomano, uno de los imperios más grandes y longevos. Aun así, este imperio nunca fue reconocido de la misma forma en la que lo fueron los poderes occidentales, incluso habiendo sido parte del Concierto Europeo. Podría decirse que la Turquía de hoy ha estado experimentando problemas de identidad similares. Este es uno de los principales ímpetus que han llevado a Turquía a tratar de convertirse en un poder regional con el objetivo de hacer frente a estos problemas y convertirse, así, en un aliado indispensable para los países occidentales, especialmente para Estados Unidos (EUA). A pesar de que Turquía se ubica en el cruce de caminos entre Asia y Europa, y de que esta posición geográfica enfatiza su deseo por convertirse en uno de los poderes regionales, desde los últimos años de la era otomana, Turquía no ha podido convertirse en un poder mundial.

Desde el fin de la era otomana, Turquía ha vuelto la mirada hacia Occidente, en la medida en la que se le percibe como una fuente de modernidad. Sin embargo, y hasta un cierto punto, Turquía se las ha ingeniado para modernizarse y alcanzar a Occidente, y permaneció como un pequeño poder hasta finales de la década de los noventa. En 1999, la integración de Turquía al G- 20 ̶ cuyos miembros desempeñan un importante papel en el desarrollo sistemático, lo mismo de economías avanzadas que de las que aún se encuentran en desarrollo ̶ que representa a los países de todo el mundo, significó poder estar en contacto con los 20 Estados más importantes. Además, a parir de ello, y del curso implementado por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en términos de su Programa de Política Exterior, luego de 2002, pude decirse que Turquía ha sido considerado como uno de los poderes medios que pueden ser tomados como modelo para los países musulmanes. Alguna vez hubo una “barrera” alrededor de Turquía para el comunismo soviético que se convirtió, a su vez, en un puente hacia Europa y Medio Oriente, así como hacia Asia Central. Ahora, es considerada como un modelo ejemplar para los países musulmanes por algunos, mientras que otros piensan que Turquía es un Estado crucial desde 2002. A este respecto, el capítulo propondrá a Turquía como un Estado modelo, crucial y ejemplar al examinar el entendimiento en materia de política exterior del AKP.

El desarrollo histórico de la política exterior turca

Los grandes poderes europeos –Francia, Reino Unido, Rusia, Alemania y Austria– dominaron el siglo XIX. Estos poderes no tuvieron rival en la construcción de posiciones económicas en el mundo. Aún así, su propia posición hegemónica dependía del balance de poder que se estableciera entre ellos. Cualquier acción de uno de los poderes llevaría a un acto de represalias. Hacia 1914, la rivalidad y la relación entre los grandes poderes empeoraron. Además, dicha rivalidad creó el surgimiento de alianzas entre los poderes y pavimentó el camino para la Primera Guerra Mundial, en 1914. El cataclismo dio origen a la destrucción del balance en el sistema de poderes y al posterior desarrollo de uno bipolar. Con el alzamiento de la Alemania nazi, el sistema político internacional se transformó casi en un sistema bipolar, similar al del periodo entre los años 1890 y 1914 (Hale, 2013:3). Un poco después, el sistema internacional fue reformado por otro cataclismo, la Segunda Guerra Mundial, que tuvo el costo de millones de vidas.

Mientras que el sistema internacional experimentaba tales turbulencias, Turquía emergió como Estado sucesor del Imperio Otomano, a principios de los años 20. A pesar de que el Imperio quedó dividido al ser derrotado en la Primera Guerra Mundial, Turquía se las ingenió para conquistar su guerra de liberación nacional y fue establecida el 29 de octubre de 1923. Su fundador, Mustafa Kemal Atatürk, y sus colegas lucharon por establecer un Estado nación sobre las ruinas del Imperio Otomano como habían aprendido de las experiencias de los sultanes y regidores del imperio. Estas experiencias y prejuicios ideológicos llevaron a Atatürk a separar a la nueva república de los asuntos del Medio Oriente, para enfocarse en los europeos. De acuerdo con Atatürk, estaba determinado a hacer esto por la geografía intercontinental única de Turquía, entre Oriente y Occidente. En su mente, mientras Occidente representaba modernidad, Oriente, significaba el retroceso. En este sentido, son tres los principios de la política exterior de la nueva república que pueden identificarse: ninguna alineación/ ninguna participación, paz en casa/ paz en el mundo y occidentalización/ modernización.

Este entendimiento continuó en uso, en materia exterior, por Turquía luego de la muerte de Atatürk, en 1938. Un buen ejemplo de estas políticas fue la experiencia turca durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que Turquía había firmado una alianza tripartita con Gran Bretaña y Francia, en octubre de 1939, permaneció como territorio neutral de facto durante todo el conflicto. La posición turca durante la Segunda Guerra Mundial es tomada como ejemplo de la manera en la que un país relativamente pequeño y militarmente atrasado podría seguir un camino independiente durante una época de lucha internacional (Hale, 2013:56). Esta política fue el resultado natural del legado de Atatürk y de las experiencias directas de los líderes turcos durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, con el final de la Segunda Guerra Mundial, Turquía experimentó un cambio en el curso de su política exterior ya que no existía más un sistema multipolar en el mundo. A partir de entonces, EUA y la URSS serían las súper potencias y Turquía tendría que escoger un bando.

El periodo de la Guerra Fría, entre 1945 y finales de los años ochenta, se constituyó como un sistema bipolar mundial. En general, la lucha entre EUA y Rusia dominaron esta era. Es correcto decir que, en dicha batalla, Turquía escogió el lado estadounidense. En este sentido, la política exterior turca durante la Guerra Fría puede ser identificada primeramente por su relación con Estados Unidos. La existencia de la amenaza soviética hacia Occidente colocó a Turquía como aliado indispensable para los estadounidenses. En la medida en la que Turquía escogió un lugar dentro del mundo occidental es que tuvo que orientar su política exterior incondicionalmente con Estados Unidos y lanzar, así, una flamante era llamada del “Nuevo orden”.

El sistema global bipolar terminó con la disolución formal de la Unión Soviética al final de 1991. Desde ese momento, Estados Unidos se ha convertido en el único súper poder en el mundo. Sin embargo, fue difícil definir un nuevo orden como unipolar simplemente. A pesar de que económicamente Estados Unidos se conservaba como el Estado más poderoso, las economías en desarrollo de Asia estaban tornándose el principal locus del poder económico mundial (Hale, 2013:4). Políticamente, la disolución de la Unión Soviética y el ser percibido como la única súper potencia reforzaron la confianza estadounidense, que fue la causa de las desastrosas invasiones a Irak y Afganistán. A pesar de que, por un lado, estos hechos resaltaban la imagen estadounidense, al mismo tiempo causó un evidente odio hacia los estadounidenses desde el tercer mundo, especialmente en los países musulmanes. Sin embargo, culturalmente, la imagen de Estados Unidos ha experimentado similitudes con aquella que se tiene de ellos políticamente y, es seguro decir que, ella se ha robustecido alrededor del mundo durante la era posterior a la Guerra Fría.

Durante este periodo, las relaciones de Turquía con los Estados de Asia Central y el Medio Oriente fueron los principales factores determinantes de sus relaciones con Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia. Desde 1945, Turquía ha sido uno de los aliados más confiables y estratégicos para los estadounidenses, a pesar de que las contradicciones aparecieron flagrantes durante este periodo. La Unión Soviética y la amenaza comunista fueron las principales razones para esta alianza. Cuando la Guerra Fría terminó, y la Unión Soviética colapsó, se volvió evidente que el papel primordial de Turquía había terminado. Sin embargo, la Guerra del Golfo Pérsico (1990-1991) revolucionó las relaciones entre Turquía y Estados Unidos. Durante la guerra, Turquía optó por dar su apoyo completo a los estadounidenses. Es de todos conocido que, mediante esta cooperación, Turquía consolidó su asociación con EUA, incluso si previamente había tenido sus altas y bajas.

A pesar de haber regresado al camino las relaciones con Estados Unidos, los conflictos en los Balcanes le otorgaron a Turquía la posibilidad de probarse a sí misma si era capaz de tener una política exterior independiente. En este sentido, la posición turca durante los conflictos en Bosnia, Herzegovina y Kosovo puede ser percibida como una fase importante. Los problemas en Bosnia y Herzegovina (1992-1995) y en Kosovo (1998-1999) se debieron a asuntos étnicos. Durante ambas guerras, Turquía puso mucho empeño en impulsar al mundo occidental para que tomara las medidas necesarias con el objetivo de detener la masacre. Además, desempeñó un papel activo en advertir a la comunidad internacional sobre lo que estaba sucediendo en Bosnia y Herzegovina, así como en Kosovo (Demirtaş-Coşkun, 2007). Turquía lidió con los conflictos en los Balcanes íntimamente por sus lazos históricos, culturales, lingüísticos y étnicos con la comunidad local. De hecho, Turquía ha tenido la confianza para construir relaciones fuertes con los países afines luego del colapso de la Unión Soviética y los 5 Estados turcos nacientes en el Cáucaso y Asia Central.

Al final de los años 80, y a principio de los 90, los sistemas de relaciones internacionales se modificaron. Como resultado de este cambio, los Estados turcos de Asia Central y el Cáucaso se tornaron importantes como un área de interés para Turquía debido a la etnicidad, la cultura y la lengua compartidas. Luego del colapso de la Unión Soviética, Turquía desarrolló un discurso de “El gran mundo turco –desde el Adriático hasta la Gran muralla china”. Por este medio, el objetivo era crear una nueva esfera de influencia en Asia Central y establecer así un camino, que incluyera lazos energéticos y de comunicación con las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central. El primer intento de Turquía fue el de desempeñar un papel de “gran hermano” para los Estados independientes nuevos y, dicho intento, tuvo el apoyo estadounidense que pretendía llenar el vacío de poder con el “modelo turco” en lugar de con el modelo radical islamista. Por otra parte, hubo dos obstáculos frente al objetivo turco. El primero fue que otros poderes regionales, como Rusia e Irán, no fueron entusiastas al ver que los estadounidenses se encontraban en Asia Central y el Cáucaso por medio de Turquía. El segundo obstáculo fue que los Estados turcos soviéticos habían recientemente explorado la multipolaridad dentro del sistema internacional y no querían depender de ninguno de los poderes regionales (Walker, 2007:10). Bajo estas condiciones, Turquía encontró la manera de establecer únicamente relaciones limitadas con los Estados turcos en los años 90 y esta falla forzó a Turquía a mejorar las que ya tenía con Estados Unidos. Sin embargo, esto fue, ciertamente, un proceso largo y doloroso.

A partir de 2002, la política exterior turca ha experimentado un proceso mayúsculo de cambios. Algunos académicos le han dado la bienvenida a este proceso al llamarlo “Política exterior multidimensional” (véase Sözen, 2010; Keyman, 2010; Duzgit y Tocci, 2009; Aras, 2009); otros han sido críticos y lo han etiquetado como una “Política exterior neo otomana” –el renacimiento de la grandiosidad otomana turca (véase Onar, 2009; Taşpınar, 2008; Rubin, 2004) –. En este sentido, desde la perspectiva de la política exterior turca es posible decir que el año 2002 es un hito. Antes de éste, Turquía estaba muy aislada en la región; tenía un historial de hostilidades con Grecia y Armenia, y sus relaciones con Siria, Irak e Irán estaban básicamente constreñidas debido a la problemática kurda y al PKK. Por otro lado, luego de 2002, el entendimiento y la implementación de la política exterior turca cambiaron con la estrategia del entonces Asesor en Jefe del Primer Ministro y Embajador General, el profesor Ahmet Davutoğlu, denominada “cero problemas con nuestros vecinos”. Desde ese momento, Turquía ha sido, también, más precisa en la mediación de conflictos en la región. Además, el horizonte en materia exterior turca se amplió por el surgimiento de planes para abrir quince nuevas embajadas en África, lo que casi duplica su presencia diplomática en el continente; también abrirá dos más en América Latina. Podría decirse que Turquía se ha dado cuenta del potencial que tiene, desde 2002. A pesar de que la política de “cero problemas con nuestros vecinos” no ha resultado concretamente exitosa en cuando al desarrollo de buenas relaciones con los países vecinos, puede decirse que Turquía está enfocada en transformarse en un Estado que contribuya a la estabilidad y la paz, y que lleve a cabo iniciativas de mediación en los conflictos más longevos de la región.

Sin embargo, este nuevo activismo de la política exterior turca ha sido recibido con escepticismo en Occidente. La razón para ello es que a pesar de que mejorara sus relaciones con los Estados que primordialmente pertenecen al llamado tercer mundo, como Irán, Siria, los Estados turcos, entre otros, el momento de mejora no ha sido igual con la UE y EUA. Esto ha sido percibido como si Turquía abandonara a Occidente para volver el rostro hacia Oriente. En este sentido, algunas de las respuestas al cuestionamiento sobre cuáles son los indicios que hacen pensar que Turquía está abandonando a Occidente, se pueden mencionar los siguientes: el entonces Primer Ministro turco Reccep Tayyip Erdoğan llamó a Mahmoud Ahmedinejad “un amigo” (Barysch, 2010:1) y Turquía votó en contra de la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que buscaba la implementación de cuatro rondas más de sanciones en contra de Irán (Mozgovaya, 2010); Turquía alguna vez planeó conformar una zona de libre comercio con Siria, Jordania, Irak, Irán y Líbano que, eventualmente, se convertiría en la Unión del Medio Oriente1 (Walker, 2011; Kucukkosum, 2010); la conducción de ejercicios militares con China (Kucera, 2010); el establecimiento de relaciones con el líder sudanés Omar al-Bashir, quien ha sido acusado de genocidio y crímenes contra la humanidad por la Corte de Justicia Internacional (Rubin, 2010); el levantamiento del visado para distintos países como Siria, Libia, Líbano, Rusia, Albania e Irán. Y, por último, aunque no de menos importancia, las deterioradas relaciones turcas con Israel, principalmente por las declaraciones provocativas y las reacciones del entonces Primer Ministro Recep Tayyip Erdoğan, desde la guerra en Líbano de 2006.(2)

Turquía como Estado crucial o ejemplar

Es bien sabido que hay una serie de requerimientos para poder convertirse en una súper potencia, como una gran población, una ubicación geopolítica trascendente, fuerzas militares poderosas, armas nucleares, entre otros. De entre ellos, podríamos seleccionar algunos para ubicar Estados cruciales o ejemplares. Por ejemplo, los Estados que han sido denominados como cruciales deben tener una población considerable (bien educada y sana), una localización geográfica significativa y potencial económico. De hecho, en caso de que un Estado pueda afectar la estabilidad regional, debe ser considerado como crucial. En este sentido, Turquía, México, Brasil, Sudáfrica, Indonesia, y Nigeria pueden ser considerados Estados cruciales. Cuando se trata de definir a los Estados ejemplares, el término “influencia” viene a la mente. Si un país tiene el potencial para influir a otros a su alrededor, entonces, puede ser considerado como un Estado ejemplar, Turquía puede ser denominado como un Estado crucial y ejemplar ya que cumple con todo lo descrito anteriormente. No es frágil económica ni políticamente, tiene el potencial para afectar la estabilidad regional, tiene una localización geográfica estratégica y la capacidad para influir a los países, no sólo a su alrededor, sino mundialmente.

El potencial de Turquía para afectar la estabilidad regional

Los Estados que no cuentan con relaciones de tejido cercano con sus vecinos podrían no afectar la estabilidad de su región. Para Turquía esto no es un problema. El pasado imperial, así como su tradición, su posición geopolítica/ geoestratégica entre Asia y Europa han tenido una gran influencia en la construcción de las relaciones con sus vecinos. En este sentido, la habilidad de Turquía se ha mostrado en muchas ocasiones.

Por ejemplo, los esfuerzos turcos por establecer la Plataforma de Estabilidad y Cooperación para el Cáucaso (PECC), luego del conflicto ruso-georgiano, pueden ser puestos como ejemplo (véase Winrow, 2009; Bayer y Keyman, 2012). O, incluso, la profundización de las relaciones entre Turquía y Rusia puede ser tomada como favorable para la región. Como es bien sabido, las relaciones entre ambos imperios –el otomano y el ruso–, que tenían características europeas y asiáticas, datan de 1492 (véase mfa.gov.tr). Dichas relaciones fueron contenidas, e incluso antagonistas, debido a la lucha de poder entre ambos imperios. La principal razón para la confrontación fue la inclinación de ambos por expandir sus fronteras para incluir dentro de ellas a territorios europeos. Y esta inclinación eventualmente causó varios enfrentamientos entre ambos imperios, desde finales del siglo XIV. Con el transcurso del tiempo, las relaciones se transformaron, como lo hicieron ambos imperios.

El reconocimiento de la República de Turquía por parte de la Unión Soviética durante la Guerra de Liberación turca fue un primer intento por restablecer el contacto. Otra aproximación entre las partes fue el abastecimiento de oro y armamento por parte de los soviéticos a Turquía durante la misma guerra. Sin embargo, los días siguientes no parecieron contribuir a un mayor acercamiento debido a los inaceptables deseos soviéticos de controlar, por encima de Turquía, los Dardanelos y el Estrecho del Bósforo. Además, sus relaciones, de tanto en tanto, se contuvieron debido al comienzo de la Guerra Fría, hasta la desaparición de la Unión Soviética.

Los años noventa fueron una época en la que las relaciones internacionales turcas se vieron constreñidas debido a razones de seguridad; pero las relaciones económicas mejoraron (Sezer, 2001). La preocupación estaba enfocada en los Estados de la ex Unión Soviética, en los que ambos bandos habían influido. En este sentido, la aproximación turca estuvo basada en los lazos étnicos, lingüísticos y culturales con los Estados turcos de Asia Central y el Cáucaso. En este contexto, el colapso de la Unión Soviética desarrolló un tipo de discurso en Turquía en el que “El gran mundo turco (se conformaba por los territorios) –desde el Adriático hasta la Gran muralla china”. A la par de este discurso, Turquía envisionó una expansión del camino en términos energéticos y de lazos comunicativos con las ex Repúblicas soviéticas de Asia Central (Finn et. al., 1994: 552). Mientras que Rusia estaba a favor de mantener el status quo en la misma región, Turquía apoyaba un cambio radical profundo en ellos por medio de la ayuda estadounidense. Dicha confrontación fue el principal asunto de tensión entre ambos bandos. Sin embargo, después de 1992 cuando Turquía reconoció a la Federación Rusa, se realizaron visitas bilaterales de alto nivel, lo que alivió las tensiones entre ambos países. A este respecto, se emitió otra Declaración Conjunta de Lucha contra el Terrorismo en 1999.

Desde 2002 se ha vivido un momento de mejoría en las relaciones comerciales bilaterales (véase figura 1.1). Y, para 2004, Rusia se había convertido en el segundo socio comercial de Turquía, después de Alemania (Kınıklıoğlu, 2006:5). Subsecuentemente, las visitas recíprocas continuaron. Durante 2005, Putin y Erdoğan se encontraron cuatro veces (en diciembre de 2004, entre el 10 y el 13 de enero de 2005, el 17 de julio de 2005 y el 17 de noviembre de ese mismo año) (Çelikpala, 2007:286). Todas estas visitas han reforzado las relaciones, que son meramente económicas, pero que las han transformado gradualmente en multidimensionales. En este sentido, las relaciones económicas se han complementado con otras de tipo político y en materia de seguridad. Por ejemplo, Turquía ha abandonado sus estrategias expansionistas en favor del establecimiento de relaciones más cercanas con los rusos. Además, la cooperación militar entre ambos Estados se ha incrementado con el objetivo de mantener la paz y estabilidad en la región del Cáucaso y el Mar Negro (Aktürk, 2006:345). También, se abandonó el sistema de visado entre los países el 16 de abril de 2001, lo que prueba sólidamente el esfuerzo que ambos han hecho por mejorar sus relaciones bilaterales.(3)

Otro esfuerzo de estabilidad es el mejoramiento de las relaciones de Turquía con África y el sur de Asia. Por ejemplo, la apertura turca hacia África puede ser considerada significativamente una ventaja en este sentido. Mientras que Turquía ha tenido un estatus de miembro observador en la Unión Africana (UA) desde 2005, la sociedad africana turca se estableció mediante la firma de la Declaración de Estambul y el Marco para la Cooperación de 2008. Ambas partes han alcanzado una sociedad estable de largo plazo basada en intereses mutuos e igualdad para mejorar la promoción de la cooperación bilateral en áreas de interés de asociación específico. Así como esta apertura hacia África puede ser considerada como una expresión clara de la manera en la que Turquía quiere reforzar la estabilidad en África, su presencia en Afganistán, por medio de las Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (FIAS), es otra iniciativa que confirma que la política exterior turca ha sido formulada para establecer un mayor compromiso internacional económico y diplomático al alcanzar a las regiones en crisis. En cuanto a la presencia en la misión de la FIAS, para Turquía ella va más allá del objetivo comandado por la OTAN. Se trata del deber de ser un poder crucial. La siguiente declaración de Erdoğan enfatiza este punto: “La OTAN planeó completar su misión en Afganistán a finales de 2014, pero no definitivamente. Podría suceder después de 2014. Por la parte turca, creemos dejar Afganistán una vez que los demás países se hayan retirado. No dejaremos a nuestros hermanos solos ahí, a menos que Afganistán nos lo pida” (<haber7.com>).

El potencial de influencia turca en otros países

Los esfuerzos antes mencionados, hechos por Turquía para afectar la estabilidad regional, pueden ser considerados también como un medio para incrementar su propio potencial de influencia en otros países. Además, la dependencia turca de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y la ayuda humanitaria han crecido sustancialmente desde 2002. De acuerdo con el Reporte Mundial de Asistencia Humanitaria de 2013, la AOD turca ha duplicado sus números entre 2011 y 2012; el incremento de la asistencia humanitaria oficial de un billón de dólares en 2012 hizo que Turquía se ubicara en el cuarto puesto de entre los mayores donadores de ese año (<www.globalhumanitarianassistance.org>, 2013). Vale la pena mencionar que, a diferencia de periodos anteriores, en esta era la asistencia turca no se ha concentrado únicamente en su área vecina. Al tiempo que Turquía ha continuado con las labores de asistencia en Medio Oriente y los países de Asia central, la ayuda que ha prestado a los países africanos y del sur de Asia se ha vuelto significativa también.

Durante este tiempo, Turquía ha buscado expandir su esfera de influencia por medio de los canales diplomáticos. Las instituciones gubernamentales, encargadas de ellos, son la Agencia de Cooperación y Desarrollo Internacional turca (el principal cuerpo de administración de la ayuda), la Luna Creciente turca (Kızılay) y la Oficina de Manejo de Desastres y Emergencias (cuerpos para la ayuda humanitaria). Estas instituciones proveen, organizan y distribuyen ayuda humanitaria como un aspecto de sus estrategias diplomáticas públicas. No sería erróneo decir que se han vuelto mucho más funcionales luego de 2002; como pude apreciarse en las tablas anteriores, la cantidad de ayuda humanitaria provista durante este periodo ha tenido un incremento estable.

Sin embargo, las aperturas turcas basadas en el incremento de sus misiones diplomáticas fueron otro tipo de iniciativas para mejorar su influencia en el exterior. En relación con ello, dichas aperturas necesitan ser más claras por medio de cifras informativas sobre las representaciones turcas (y de sus países vecinos) en el exterior. De acuerdo con los datos, Turquía cuenta con una de las más grandes redes internacionales de misiones diplomáticas cuando se le compara con economías de tamaño similar, como Arabia Saudita, Irán e Israel, entre otros.

Es una obviedad decir que tener más de 200 representaciones en el exterior requiere de una economía decente. Se sabe que Turquía es la decimoséptima economía del mundo (CIA World Factbook). Sin embargo, la mayor parte de las economías de tamaño similar no cuentan con tantas misiones exteriores como la turca. Por ejemplo, mientras que Brasil es la octava economía del mundo, tan sólo cuenta con 194 misiones exteriores (www.itamaraty.gov.br). Otro ejemplo es India que, aunque es la cuarta economía mundial, tiene solamente 164 misiones de este tipo (www.mea.gov.in). Estas cifras muestran explícitamente que, como se ha mencionado previamente, Turquía tiene un entendimiento de la política exterior distintivo, que se basa en el centralismo geopolítico turco fundamentado en la enorme herencia histórica y cultural que hacen de Turquía misma responsable por el mundo entero.

Conclusión

Está claro que ha habido un cambio, o vuelco, en el proceso de realización de la política exterior turca desde 2002. De hecho, este cambio es la razón del actual estatus de Turquía como Estado crucial y ejemplar. Sin embargo, no puede decirse que ello se debe solamente a las mentalidades de los líderes del gobierno titular del AKP. Ha habido un gran número de acontecimientos desde el final de la Guerra Fría; algunos de ellos han ido en contra del ejercicio del poder blando estadounidense, en comparación con el tuvo durante los años 90 (véase Fouskas y Gökay, 2005;

Fouskas y Gökay, 2012), el alza de la Unión Europea, Rusia y China, el acercamiento de principios de los 90 entre árabes e israelís, el 11 de septiembre y el levantamiento del terrorismo internacional. Estos acontecimientos han afectado profundamente el curso de la política exterior turca para alcanzar el objetivo de prestar una mayor atención a sus relaciones regionales (Danforth, 2008:91).

Esta actividad ha traído como consecuencia el incremento de esfuerzos por mejorar la estabilidad e incrementar la influencia turca en apoyo a la estabilidad y la coexistencia pacífica en el mundo entero. Sin embargo, esta nueva estrategia podría ser considerada como una amenaza primordial en la medida en la que, para su realización, es necesario que Turquía se involucre en varios asuntos regionales y mundiales, como la disputa árabe israelí, la crisis nuclear de Irán, el conflicto internacional en Siria, entre otros. Aun así, esto debería ser considerado el precio de ser un Estado crucial y modelo.


1 Como la relación de Siria y Turquía ha crecido en forma contenida debido a la guerra civil en Siria, esta opción de zona de libre comercio no se encuentra actualmente en la mesa de negociaciones. Sin embargo, debería de decirse que, antes de la guerra civil, las relaciones entre estos dos países habían tenido una mejora a partir de iniciativas tomadas por el AKP; como la firma del acuerdo para la excepción de visados, las reuniones del Consejo de Alto Nivel para la Cooperación Estratégica que tuvieron lugar, primero en el nivel ministerial y, posteriormente, en el primer ministerial, el 2 y 3 de octubre de 2010, respectivamente, en Latakia y entre el 20 y el 21 de diciembre en Ankara; un Consejo Cuatripartita de Alto Nivel Estratégico se estableció entre Turquía, Siria, Jordania y Líbano, en una reunión entre primeros ministros, que tuvo lugar en Estambul el 10 de junio de 2010.

2 La guerra de 2006 en Líbano fue una confrontación entre las fuerzas de Hezbollá e Israel y duró 34 días (del 12 de julio al 14 de agosto de 2006). La guerra comenzó cuando la guerrilla de Hezbollá atacó a soldados israelís y mató a por lo menos ocho de ellos. Este incidente causó la invasión de Líbano por Israel durante un corto tiempo y terminó gracias a los esfuerzos de la ONU.

3 Estadísticas de la Subsecretaría de Comercio Exterior,

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Véanse además los vínculos a:

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www.dtm.gov.tr

www.globalhumanitarianassistance.org

www.haber7.com

www.itamaraty.gov.br

www.mea.gov.in

www.mfa.gov.tr


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How to Cite:

TUFEKCI, O. (2016), “Turquía, un Estado modelo y crucial”, in Donelli F., Chiriatti A. and Ferez M., (Eds.), Un retrato de la Turquía contemporánea. Visión general y perspectivas  (pp.135-150). Universidad Anahuac, Mexico City.


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